viernes, 23 de septiembre de 2011

Lavanderas. Ropa limpia en el río

No hace mucho tiempo, el río era lugar también de tablas, jabón y ropa que lavar. El agua de las casas era para beber. A lavar había que bajar al río. Frotando entre puños morados de frío, maderas o piedras, la mujer sacaba las manchas de sudor y polvo de la camisa del hombre del campo.
Lavanderas en el entorno de Sevilla (1920) [1]
A veces sola como la lavandera de Violeta Parra [2] y la de Jaime León Cuadra [3] o en corro como las de García Lorca en Yerma [4], con frío o calor, se levaba en el río. Primero había que enjuagar, luego jabonar, otra vez enjuagar, y siempre restregar. El sol secaba la ropa sobre la hierba o tendida en el cordel, y la remataba de blanco si ayuda de lejías ni detergentes.
Lavandera de orilla [5]
Para lavar, agua y jabón, si acaso un poco de azulillo para ayudar al sol. El jabón era casero, no había otro. Se hacía a partir de aceite y sosa caústica. No era jabón de pH neutro que cuidara la piel como los que ahora se anuncian. Eso sí, eliminaba bacterias y manchas, pero a base de restregar, sabañones en invierno y llagas en las manos.
En las frías aguas del arroyo [6]
Cuando la alcaldía tenía recursos, aparecía el lavadero público. Desde el manantial o el arroyo el agua se desvía al pilón con muescas para restregar la ropa o huecos para la tabla de lavar. De esos lavaderos algunos han llegado a nuestros días como piezas clave del patrimonio histórico andaluz, pero la mayoría han desaparecido o están ruinas esperando ser dignos de inclusión en el Catálogo correspondiente, de lo contrario, como otros elementos de nuestro patrimonio hidráulico, se perderán en escombreras, y lo que es peor de nuestra memoria.
Lavanderas en la rivera de Huelva (1930) [7]
Ya quedan pocos lavaderos y lavanderas, y menos, orillas y ríos donde lavar. La técnica ayudó  a cuidar las manos, las lavadoras mecánicas y luego las eléctricas liberaron a las lavanderas, pero los nuevos detergentes y lejías condenaron en su día a nuestros ríos. No queremos ver lavanderas en los ríos, a no ser para que usos y tradiciones no se borren ni se olviden, pero tampoco queremos ver orillas vacías, ni ríos muertos.
Lavanderas de Córdoba (XIX) [8]
El río debe seguir siendo punto de encuentro, de habladurías y cantos de lavanderas, de comunión pasada de ropa, agua y jabón, de mujeres lavando sudor y arena, de ropa limpia en canasto de mimbre, de esperanzana y vidas por vivir.
Lavanderas del Tesorillo [9]
Aquí voy con mi canasto
De tristeza a lavar,
Al estero del olvido,
Dejen, déjenme pasar.
Lunita, luna
No me dejes de alumbrar.
Tu cariño era el rebozo
Y nos abrigó a los dos,
Lo manchaste una mañana
Cuando me dijiste adiós.
Lunita, luna
No me dejes de alumbrar.
En la corriente del río
He de lavar con ardor
La mancha de tu partida
Que en mi pañuelo dejó.
Lunita, luna
No me dejes de alumbrar.
Soy la triste lavandera
Que va a lavar su ilusión,
El amor es una mancha
Que no sale sin dolor.
Lunita, luna
No me dejes de alumbrar.
[3] La lavandera de Jaime León Cuadra:http://escribeya.com/Poemas/lavandera-24413
Iba camino del río
Bordeando tupido trigal
Una niña celestial
De ojos color de luna
Descalzo sus desnudos pies
Carga un canasto de ropas;
En su corazón una copla
Y en sus manos el jabón.
Arrodillada en el río
Semejaba una princesa
Sus muslos en la maleza
Eran de nácar y olivos.
Y yo en mi triste olvido
La vi lavando ropas.
Las abejas de las rosas
Le cantaban al oído.
Ella lavaba ropas
Como princesa del río.
[4] Las lavanderas de Yerma. Fragmento.http://usuaris.tinet.cat/picl/libros/glorca/gl003a00.htm
En el arroyo frío
lavo tu cinta.
Como un jazmín caliente
tienes la risa.
Quiero vivir
en la nevada chica
de ese jazmín.
Las ropas de mi niño
vengo a lavar,
para que tome al agua
lecciones de cristal.

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