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lunes, 24 de mayo de 2021

El Brazo del Este, ¿Capital Natural del Bajo Guadalquivir?

 


El 24 de mayo la Federación EUROPARC [1] nos invita a celebrar el Día Europeo de los Parques Naturales [2], efeméride que conmemora la declaración de los primeros parques nacionales europeos en Suecia en 1909. Con el lema “Parks: Next Generation” las instituciones y colectivos implicados en la gestión de nuestros espacios naturales darán cuenta de su importancia y en particular la necesidad de sustentar la recuperación europea post-covid en un pilar básico como el capital natural europeo.

Nos hubiera gustado celebrar el día como otras veces lo hemos hecho con la visita a uno de los espacios de la provincia pero entre restricciones de lo viral y el agua, la salida prevista al Paraje Natural del Brazo del Este [3] ha sido imposible. La imagen actual del Brazo de Este, uno de nuestros humedales protegidos de importancia internacional, quizás no sea la más adecuada para celebraciones, pero sí para la reflexión y la llamada de atención a todas esas instituciones y colectivos que tanto gustan de celebraciones y la vanagloria de su conservación.

El Brazo del Este es unos de los humedales más singulares de la cuenca del Guadalquivir. A diferencia de otros humedales del entorno como los complejos endorreicos de Utrera-El Palmar y Las Cabezas-Lebrija, el Brazo del Este tiene origen fluvial: el resultado de la lucha constante por hacer del Bajo Guadalquivir un río navegable y manso, y de su marisma un espacio agrario.

Su paisaje llama también la atención, por ser lo agrario -el arrozal- el uso predominante. Las tablas del arroz y los canales de abastecimiento y desagüe rodean el antiguo curso del río, mientras que los muros y caminos lo cortan, generando un rosario de vueltas y puntas inundables mediante un complejo sistema de bombeo, drenaje del arrozal y regulación de los aportes de antiguos afluentes como el Caño de la Vera y el Salado, y el Guadaíra en su nueva canalización.

Pero si el Brazo del Este es singular y llama la atención de los amantes del Birding y la naturaleza, es la riqueza de su avifauna, que en pleno verano e incluso en los periodos severos de la más severa sequía, encuentran el correspondiente refugio. Es esta biodiversidad la que justifica la relevancia y protección regional e internacional del espacio de acuerdo con los correspondientes instrumentos de gestión.

Dejando para próximas entradas detalles sobre éstas y otras particularidades del Brazo del Este, con la entrada de hoy, queremos resaltar otras singularidades más lamentables.

La primera, el estado actual, no tanto fruto de la pertinaz sequía, como la aplicación de no se sabe qué criterios de gestión que han llevado a la desecación del humedal. El Brazo del Este es un humedal cultural cuya conservación depende de un sistema artificial de gestión hidrológica que lo mantiene, que no debería entender de lluvias ni temperaturas extremas.

La segunda, ya habitual en otras entradas, la falta de entendimiento entre organismos con competencias en el espacio natural, sea desde la política medioambiental en el ámbito regional o desde la planificación hidrológica en el de cuenca, así como entre usuarios, sean los del agua o los del uso público del espacio natural.

Y la tercera, la falta de compromiso local, más allá de lo turístico y -permítanme la expresión- del correspondiente postureo FITURiano. No se entiende la ausencia de iniciativas de gestión compartida y cooperación entre las administraciones competentes a escala regional y estatal con las de ámbito provincial, comarcal o local.

Iniciativas de reactivación socioeconómica como el Plan Contigo de la Diputación Provincial [4], o las que vendrán en el ámbito del Plan de Recuperación Next Generation [5], son oportunidades de interés para municipios como Puebla y Coria del Río, Utrera, Lebrija, Las Cabezas de San Juan, y por extensión Dos Hermanas y Los Palacios y Villafranca, que se antojan desaprovechadas a nivel local, así como en el comarcal y regional.

Es hora de superar los ismos de lo local y la política, concentrar miradas en un espacio común y hacer del Brazo del Este, como verdadero capital natural del Bajo Guadalquivir, un pilar de la reactivación del territorio.

Continuará.

[1] Federación EUROPARC

[2] Día Europeo de los Parques europeos. Federación EUROPARC

[3] Paraje Natural del Brazo del Este. Junta de Andalucía

[4] Plan Contigo. Diputación de Sevilla

[5] Plan de recuperación para Europa. Unión Europa


domingo, 21 de diciembre de 2014

Algarbe y Carrasco, Arroyos de sal

Hay ríos de pan como el Marbella (Córdoba) y el Guadaira (Sevilla) repletos de molinos de agua que resisten el paso del tiempo con más o menos suerte. Hay ríos de fruta y hortaliza como el Guadajoz y el Genil (Córdoba) en los que todavía podemos observar ruedas o norias hidráulicas fuente de matrinches y acequias de huertas centenarias. Hay ríos de luz, como el Guadiaro (Cádiz) y Guadalhorce (Málaga) pioneros en el aprovechamiento hidroeléctrico de las corrientes de agua. En cada uno de estos ríos molinos, norias, ruedas, batanes y fábricas de luz contribuyen de forma especial al patrimonio histórico de Andalucía, en su contexto hidráulico e industrial, y son objeto de protección y puesta en valor desde diferentes iniciativas.

Hay ríos también de azufre y cobre como el Tinto y el Odiel (Huelva) y de carbón como el Guadiato (Córdoba) que construyen paisajes culturales en el ámbito de la minería e industria, reconocidos por las administraciones y objeto también de protección y puesta en valor. Pero hay también ríos de sal, mineros o agrarios, en los que a partir de lo salado de sus aguas se construye un paisaje cultural escasamente reconocido, protegido y menos objeto de puesta en valor.
El río Salado de Porcuna (Córdoba-Jaén) es uno de los principales afluentes de la margen izquierda del Guadalquivir. Saladas son sus fuentes, el arroyo Salado que desde tierras de Martos baja hacia Porcuna y El Saladillo que recorre la Campiña Alta de Baena y antiguos dominios de la Orden de Calatrava, como La Higuera, Santiago y Valenzuela.
Del Saladillo, los arroyos Carrasco y Algarbe se unen aguas arriba de Valenzuela. Sus aguas saladas tiñen de blanco la tierra calma de Santiago y Baena. En un primer inventario sobre el patrimonio salinero de esta comarca, sobre el Arroyo Carrasco hemos localizado dos salinas en plena explotación hasta mediados del siglo pasado, la salina de Tejero (Santiago) y La Cañá de los Harneros (Albendín, Baena).
Salina de Tejero (Santiago de Calatrava, Jaén)
La salina de Tejero con apenas 2.200 m2 se localiza en la base de cerro del mismo nombre, a unos 200 metros de la carretera local provincial JA-4312. Hoy a penas son reconocibles los restos del calentador y las eras de cristalización. De la salina de La Cañada de los Harneros, con dos conjuntos de piletas de unos 1000 m2, apenas se reconocen los restos del grupo superior.



Arroyo de la Cañada de los Harneros (Albendín, Córdoba)
Antes de su unión con el Algarbe, el arroyo del Carrasco recibe las aguas, como no, saladas del Vaquillero, una de los arroyos salados más importantes de la comarca por número y tamaño de sus salinas, en plena explotación hasta el último tercio del siglo. Comenzamos este recorrido por el Vaquillero en el poblado y salina de Fuentidueña (Baena) junto a la carretera CO-5201, una salina pequeña con apenas 700 m2 en la margen derecha del arroyo del Aguilarejo. Seguimos arroyo abajo hasta llegar a la Salina de San José de Cobatillas, con casi 5000 m2 bordeando la margen izquierda del Vaquillero. Como en los casos anteriores, poco queda de estas dos salinas, salvo una inscripción en el Cortijo de San José relativa a la reconstrucción de la salina en los años cuarenta.

Arroyo del Vaquillero (Baena, Córdoba)
Salina de San José (Baena, Córdoba). Noviembre 2013
Salina de San José. Años 1950. Foto: José María Gallego
De la Salina de San José pasamos al entorno de la Laguna y Salina del Rincón del Muerto, sin duda una de las salinas históricas más importantes de Baena, con más de 11.100 m2, citada en diferentes fuentes documentales desde al menos el siglo XVI, y en explotación hasta los años 80 del siglo pasado.
Salina del Rincón del Muerto (Baena, Córdoba)
Y del Carrasco pasamos al Algarbe, cuyo nombre nos recuerda vientos de campiña y sal como el cierzo, típico del entorno del paraje del Butaguillo en Baena y la Salina de Tejas Coloras. Sobre el Algarbe, en el límite de Baena con Valenzuela, nos encontramos con la salina del Conejo, Rosales o del Justo, visible desde la A3136. Como las anteriores poco queda de esta salina. Sus piletas y calentadores quedan bajo los sedimentos de las inundaciones periódicas del arroyo y en la memoria de sus antiguos propietarios.
Arroyo del Algarbe (Baena, Córdoba)

Salina del Conejo (Baena, Córdoba)
Ya en Valenzuela, aguas debajo de la unión del Algarbe y El Carrasco recordamos otra de las grandes salinas de Córdoba con más de 6700 m2, Santa Lucia o la del Moco, en explotación hasta finales del siglo pasado.

Salina de Santa Lucía (Valenzuela, Córdoba). 1950
Salina de Santa Lucía (Valenzuela, Córdoba). Septiembre 2014
Algarbe, Carrasco, o Vaquillero son ejemplos de arroyos salados, ríos de sal en el olvido salvo cuando llueve y se desbordan cortando carreteras comarcales. De ahí que la administración solo se fije en ellos cuando truena para canalizarlos y reconducir sus aguas bajo alcantarillas y puentes.
Los salados, son generalmente arroyos de escasa aportación y tamaño, pero con grandes zonas inundables, que han sido ocupadas primero por salinas y cereal, ahora por nuevos olivares. Son arroyos muy modificados desde el punto de vista hidromorfológico, alteración que viene a disminuir la riqueza de especies ya baja por la alta salinidad de forma natural, pero de alto valor por su marcado carácter halófito.

El conjunto de valores naturales y culturales, su rareza, singularidad y fragilidad, serían motivos más que suficientes para despertar el interés y la acción de las administraciones competentes. De la planificación hidrológica, medio ambiente, cultura y ordenación del territorio reclamamos la protección especial y puesta en valor de estos arroyos, un patrimonio integral único y característico de la campiña andaluza.
Más información: GABELA DE SAL

miércoles, 2 de febrero de 2011

Día mundial de los humedales

No hace mucho celebramos el día mundial de los ríos. Hoy, 2 de febrero, día mundial de los humedales, se conmemora la adopción de la convención sobre humedales celebrada en 1971 en Ramsar (Convenio Ramsar) [1].
Desde 1997 se realizan en este día actos y actividades en torno a la problemática y conservación de estos ecosistemas acuáticos. La celebración de hoy cuenta con dos valores adicionales: la conmemoración de los cuarenta años de la firma de la Convención [2] y el Año internacional de los Bosques [3].
Espero que no falten actos de celebración o denuncia de cada uno de las administraciones competentes, grupos o asociaciones interesadas y, cómo no, de cada uno de nosotros. En este día de charcas y lagunas, entre otros sistemas acuáticos tipificados como humedales, os traigo el relato de uno de esos humedales que la lluvia del año pasado resucitó de la tierra seca. No se trata de una oda a los valores naturales de estos sistemas, tampoco una denuncia sobre su conservación. Más bien sería el relato de una oportunidad (otra) pérdida de reconciliarnos con nuestro entorno natural. Sea mi homenaje a este día, la historia de la Laguna de Consuegra en Albendín [4].

La laguna de Consuegra (1). Albendín, primavera de 2010
El agua no has traído imágenes inéditas por todos los lugares de Andalucía. En Albendín hemos visto el Guadajoz cargado de agua. En su llanura de inundación han aparecido cauces y lagunas antiguas que con la ocupación de esta zona inundable desaparecieron a lo largo del tiempo a base de arado, huertas y olivares.
El agua nos ha traslado en el tiempo y parece que también en el espacio. La campiña se muestra como nunca, verde y en movimiento por el viento, como un mar de olas suaves, salpicado de cortijos a modo de barcas que lo surcan. En el olivar, el verde es plata, signo de salud y casi garantía de cosecha buena, si el calor y el frío no la quiebra. Las lindes y cunetas están llenas de tallos verdes salpicados de morados, azules, rojos, blancos y amarillos de flores que no veíamos hace tiempo. En las pedrizas y eriales, el matorral es más verde, y esas diminutas plantas de rocalla parecen más grandes que nunca.
De esas lagunas que desaparecieron os mostramos algunas imágenes de la de Consuegra. La laguna se encuentra muy cerca de Albendín, a unos 700 metros del Cortijo del mismo nombre, y a poco más tres kilómetros del pueblo por la carretera de Los Noguerones y el camino de Valdehocinos.
Hoy aparece plena de agua ahogando un buen número de olivos. La superficie de la lámina de agua al 1 de mayo se extendería a casi hectárea y media, prácticamente la mitad de la superficie de la laguna original (unas tres hectáreas), algo menos que la superficie de la laguna del Rincón del Muerto en Fuentidueña.
La laguna original sería muy parecida a otras cercanas como la de la Quinta, Rincón del Muerto y la del Salobral, entre otras. Estas se incluyen en el inventario de humedales andaluces y forman parte de la Reserva Natural de las lagunas del Sur de Córdoba. La de Consuegra, formaría parte de un complejo de varias lagunas, como se desprende del nombre del paraje en el que se encuentra, Las Lagunitas, y de la simple observación del entorno cercano. Presentaría una orla de vegetación formada por carrizo, junco y taraje. La vegetación acuática estaría formada por macrófitos adaptados a cierta concentración de sales. Sería fácil ver cigüeñuelas, avocetas y ánades que se reproducirían en la laguna, y otras podrían verse de paso o invernada como el flamenco, el aguilucho, la garza y otros ánades como el pato cuchara o la cerceta.
En la última visita, rápida y casi de paso, sólo paré para sacar algunas fotos. Las orillas aparecen desnudas, sin vegetación, aunque pueden verse ya algunas plantas acuáticas. Entre motosierras y taladores trabajando, poco pájaro había que observar; aún así, puede ver una pareja de azulones entre los olivos.
Me comentan que la laguna no se ve así desde hace cuarenta años. Posiblemente sean más. Con años de agua no sería difícil ver la laguna como la tenemos ahora. Aparecería en períodos de lluvia, y aunque se secara en verano, se mantendría en medio de los campos de cereal que la rodeaban y luego de olivar. En cualquier caso, ya en 1956 se puede observar en la ortofoto correspondiente la puesta en cultivo del lecho de la laguna.
Espero que esta entrada os anime a visitarla, y en el tiempo que se nos muestre como lo que fue, podamos profundizar en su conocimiento, y ojala que en su conservación.
La laguna de Consuegra (2 y final).Albendín, otoño de 2010
Como algunos sueños que al despertar quedaron fuera de la memoria, la imagen de la laguna de Consuegra pasó entre nosotros sin pena ni gloria. El tiempo cura heridas, pone en su sitio a cada uno, y lleva también al olvido.
El sol quema y arrasa con el agua, eso ya lo sabemos. Pero la bomba y el riego sin estar en el agua también acaban con el agua fresca del pozo y de su entorno. Secos como la laguna así aparecen ya los pozos cercanos. La aceituna está gorda y llena de agua, pero la laguna seca, muerta y olvidada.
Ya hay suelo para la grada, para el hoyo y el olivo. Se vuelve a la partida arrastrando con el cinco de oros y como siempre, la naturaleza pierde el cante, el de las veinte o el de las cuarenta. Se juega con oros, pero pintan bastos en un juego perdido de antemano.
Para todos aquellos que hicieron caso de nuestra invitación, gracias por venir y compartir con nosotros la memoria natural de nuestro entorno. Pero para la laguna, mi consuelo. Ni hubo tiempo ni iniciativa de profundizar en su conocimiento y menos en su conservación.

Ojalá que con calma, sin daño ni estropicio, el agua nos haga soñar otra vez con ánades, garzas, flamencos y malvasías. Ojalá que vengan otros tiempos en los que veamos lo natural como algo a conservar en beneficio de la biodiversidad así como en el de nosotros mismos.